75 Aniversario de Diario SUR

La lectura del periódico, un placer diario a los 90 años

UNA VIDA CON SUR - Tomás López Marmolejo, obrero jubilado
12-12-2011 - José Miguel Aguilar

Se empapa de Málaga a través de SUR. Sus páginas le cuentan todo lo que ocurre en el exterior. Ya no sale de su casa –«no me dejan, me vaya a caer», susurra–, pero hasta hace bien poco aprovechaba la visita al quiosco para dar su paseo diario. Con el periódico en la mano recorría su barrio en busca del escaso ejercicio que le permiten unas piernas cansadas. Igual que su vista, aunque esta la ejercita con fruición. Tomás López Marmolejo ha cumplido 90 años y es la envidia de sus vecinos de la Colonia de Santa Inés, adonde reside desde que llegó de Coín con apenas año y medio.

 
Tras una vida curtida por el duro trabajo en el convulso siglo XX, este malagueño que sueña con llegar a los cien años –la sordera es su única preocupación en lo que a la salud respecta– dedica la mañana a repasar SUR, el único periódico que le interesa. «Nunca fue un hombre de taberna, ni de vicio; de joven fumaba, pero lo dejó pronto», apostilla Antoñita desde la mecedora, 88 años la contemplan. «La conocí con 16 años y me casé a los 30, en 1951», apunta. Tres hijas fue el fruto de su matrimonio y ahora disfrutan de sus dos nietos ya casados.
 
Causa envidia el prisma con el que Tomás ve pasar cada minuto de su sosegada vida, siempre con una sonrisa de vitalidad en un rostro que ha sabido encajar a la perfección nueve décadas. Su memoria es más pasado que presente, quizás porque las penas cuestan más olvidarlas.
 
No le abandona la coquetería y se quita las gafas cuando posa para el fotógrafo («Antoñita ve mejor que yo», revela). «Aprendí a leer en la casa de un maestro porque no había colegios; cuando los hicieron, los niños íbamos a una escuela y las niñas, a otra. Era un buen dibujante, y la maestra me decía que valía, pero como no quería estudiar mi padre me puso a trabajar pronto», rememora con la misma pasión que le pone a la lectura del periódico, toda la mañana ensimismado «con las noticias de Málaga; la política no me gusta». El televisor solo lo enciende «para ver el fútbol».
 
Su vida laboral transcurrió, primero, entre carretillas tiradas por mulos con las que se recorría las calles de Málaga para llevar material a las obras procedente de la fábrica de ladrillos Cerámica Santa Inés; después, un cuarto de siglo en la empresa González Oliveros, lavando de noche los autobuses de línea que de día conectaban los distintos puntos de la ciudad. «¡Qué rabia me entraba cuando empezaba a llover, pues mi trabajo era para nada!», lamenta con el ceño fruncido, aunque la mueca le dura segundos. «En esa época después de leer el periódico me lo metía debajo del jersey para protegerme del frío», comenta entre risas. Y es que SUR es el guión de su vida.
 
Cuando va al médico –«no sé a qué, porque yo estoy bueno», protesta–, «quiero que me visite rápido, le digo que tengo prisa porque quiero leer el periódico». Tras la cómida, una siesta entre cabezadas en el sillón, luego a pasar la tarde y esperar que llegue la mañana para sentir el placer de tener el periódico entre sus manos «y enterarme de lo que pasa en Málaga».
     
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